LA CIUDAD ESPERABA desde hacía veinte mil años.
El planeta se movió en el espacio, y las flores del campo
crecieron y cayeron, y la ciudad todavía esperaba. Y los
ríos del planeta crecieron y se secaron y se convirtieron
en polvo, y la ciudad todavía esperaba. Los vientos, que
habían sido impetuosos y jóvenes, se hicieron serenos y
viejos, y las nubes del cielo, ayer desgarradas y rotas, flotaron libremente en una perezosa blancura.
La ciudad esperaba .
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